24 marzo 2009

Uno que estaba más guapo callado

James Brewer, se llama el tío. Tras sufrir un infarto y ser trasladado a su hospital en Oklahoma, postrado en su lecho de muerte, decidió limpiar su conciencia. Hizo que llamaran a la policía y confesó que en el año 1977 había asesinado en Tennessee a un fulano del que creía que se había cepillado a su esposa. Después desapareció, cambió su identidad,y su mujer y él iniciaron una nueva vida en otro estado. Postrado en su lecho de muerte , sintió la necesidad de purgar sus pecados para morir tranquilo. Ahora bien...el problema es que el gañán éste...no se murió. Curiosamente se recuperó de una forma bastante estupenda y ahora tiene sendos problemas. Un juicio por asesinato que acabará con su recuperado culo en la cárcel lo que le queda de vida y una cara de gilipollas que se le quedó de las gordas, gordas. ¡Un abrazo, James! La idea era buena. Yo por mi parte en mi lecho de muerte voy a estar calladito FIJO. Si os tengo algo que contar os lo cuento por la ouija y ya os llega de sobra.

1 comentario:

Félix Soria dijo...

JA, JA, JA!!! El episodio es genial, merecedor de una película.
Saludos.